Cerramos el primer semestre con la sensación de haber atravesado un periodo más exigente de lo que las cifras finales sugieren. Los mercados han alternado fases de optimismo con episodios de corrección rápidos, en un entorno marcado por el inicio del ciclo de recortes de tipos, la incertidumbre sobre el ritmo de la desinflación y una geopolítica que ha vuelto a pesar en los precios de la energía.
En este artículo no ofrecemos cifras de rentabilidad: cada cartera responde a un perfil y a unos objetivos distintos, y una media diría poco. Lo que sí podemos compartir es qué decisiones han aportado valor y cuáles han restado, porque esas conclusiones son válidas para todos los perfiles.
La diversificación ha vuelto a hacer su trabajo
Tras un periodo en el que la correlación entre renta fija y renta variable fue inusualmente alta, este semestre ambos activos han recuperado su comportamiento tradicional. En los momentos de tensión en las bolsas, la deuda pública de calidad ha actuado como refugio y ha amortiguado las caídas de las carteras mixtas.
La diversificación geográfica también ha contado. Las carteras con exposición equilibrada entre regiones han sufrido menos que las concentradas en un único mercado, y la presencia de divisas distintas del euro ha aportado un elemento adicional de descorrelación. No siempre suma en todos los periodos, pero cuando lo hace, marca la diferencia.
La duración, la decisión más relevante
La decisión de alargar progresivamente la duración de la renta fija desde finales del año pasado ha sido, con probabilidad, la que más ha contribuido al resultado. A medida que los bancos centrales confirmaban el giro en su política monetaria, los tramos medios de la curva han recogido buena parte del movimiento, sin exponer a las carteras a la volatilidad de los tramos más largos.
Dentro del crédito, la preferencia por emisores de alta calidad ha limitado el beneficio en los meses de mayor apetito por el riesgo, pero ha protegido en las correcciones. Mantenemos ese sesgo: los diferenciales del crédito de menor calidad siguen sin compensar, a nuestro juicio, la incertidumbre sobre el ciclo.
Selección sectorial: calidad frente a expectativas
En renta variable, la selección sectorial ha explicado más que la decisión sobre el peso total de la bolsa. Las compañías con capacidad de fijar precios, balances saneados y generación de caja recurrente han sostenido sus valoraciones mientras otros segmentos, más dependientes de las expectativas de crecimiento, corregían con fuerza en los episodios de aversión al riesgo.
Ha habido también decisiones que no han funcionado como esperábamos. La cautela con determinados sectores de crecimiento nos ha hecho participar solo parcialmente de sus subidas, y algunos valores defensivos han tardado más de lo previsto en recuperar el favor del mercado. Lo anotamos con la misma claridad que los aciertos.
«Un semestre no es un plazo para juzgar una estrategia, pero sí para comprobar que se está ejecutando con disciplina.»
Qué enseñanzas extraemos
- El rebalanceo sistemático ha añadido valor. Recoger beneficios en los activos que más subían y reforzar los rezagados ha evitado que las carteras se desviaran de su perfil de riesgo.
- La liquidez ha tenido un coste de oportunidad bajo. Mantener una reserva ha permitido aprovechar dos episodios de corrección sin necesidad de vender otros activos.
- La paciencia ha sido más útil que la reacción. Las carteras que no alteraron su estrategia en los momentos de mayor ruido han terminado el semestre en mejor posición que las que intentaron anticipar cada giro.
Perspectivas para el segundo semestre
Afrontamos la segunda mitad del año con una posición similar a la del cierre del semestre: duración en los tramos medios, renta variable de calidad y una reserva de liquidez. El ritmo de los recortes de tipos, la evolución de los márgenes empresariales y la respuesta de la inflación de servicios serán las variables que vigilaremos con más atención.
No esperamos un segundo semestre tranquilo. Sí esperamos que las carteras bien construidas lo atraviesen con serenidad. Mantener la disciplina en el rebalanceo y revisar los objetivos de cada cliente seguirán siendo, como hasta ahora, las tareas prioritarias.




