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Mercados3 min de lectura

Activos alternativos: qué aportan a una cartera diversificada

Private equity, deuda privada e infraestructuras, con sus plazos y su iliquidez. Explicamos qué papel pueden desempeñar los activos alternativos en una cartera diversificada y qué exigen a cambio.

Álvaro Rosano González
Director de Análisis y Mercado
Barricas de roble apiladas en hileras en la penumbra de una bodega.

Durante años, los activos alternativos fueron territorio casi exclusivo de inversores institucionales y grandes patrimonios. Hoy el acceso se ha ampliado y cada vez más familias e inversores se preguntan si tienen sentido en su cartera. Nuestra respuesta es que sí, con condiciones: hay que entender qué aportan, qué plazos exigen y qué renuncias implican.

Por activos alternativos entendemos aquí las inversiones en activos no cotizados: capital privado o private equity, deuda privada e infraestructuras. Dejamos fuera de este artículo los fondos de inversión libre y las materias primas, que responden a lógicas distintas.

Qué aportan a una cartera

La primera aportación es la diversificación. Los activos no cotizados no se valoran a diario y sus resultados dependen de la evolución de negocios concretos más que del ánimo del mercado. Esto reduce la correlación con las carteras tradicionales, aunque conviene no exagerar el argumento: en una recesión, las compañías no cotizadas también sufren, aunque su precio no lo refleje cada día.

La segunda es el acceso a fuentes de rentabilidad que no están disponibles en los mercados cotizados: empresas en fases de crecimiento o transformación, financiación a medida para compañías medianas, activos de infraestructura con flujos regulados o contratados a largo plazo. La tercera es la prima de iliquidez: el inversor que renuncia a disponer de su dinero durante años espera ser compensado por ello.

Las tres grandes categorías

  • Private equity. Inversión en el capital de empresas no cotizadas, con el objetivo de hacerlas crecer o transformarlas y venderlas años después. Es la categoría con mayor potencial y también con mayor dispersión de resultados entre gestores, por lo que la selección importa más que en ningún otro activo.
  • Deuda privada. Préstamos a empresas, normalmente medianas, al margen de los canales de financiación tradicionales. Ofrece flujos más previsibles que el capital privado y un plazo algo más corto, a cambio de un potencial de revalorización limitado al cupón.
  • Infraestructuras. Participación en activos como redes de transporte, energía o telecomunicaciones, con ingresos ligados a contratos de larga duración o a marcos regulados. Suelen aportar estabilidad y cierta protección frente a la inflación.

Lo que exigen a cambio

La iliquidez es la característica definitoria de estos activos y no debe minimizarse. Un fondo de private equity típico compromete el capital durante una década, con un periodo inicial en el que el inversor aporta dinero sin recibir nada y un periodo posterior de devoluciones cuya fecha exacta no se conoce de antemano. La deuda privada y las infraestructuras acortan algo esos plazos, pero siguen lejos de la liquidez diaria de un fondo tradicional.

A la iliquidez se suman otras exigencias: importes mínimos de inversión relevantes, una valoración menos frecuente y menos transparente, comisiones más elevadas que las de los vehículos cotizados y una fiscalidad que depende de la estructura utilizada. Todo ello se traduce en una regla práctica: solo debe destinarse a alternativos el dinero que, con certeza, no se va a necesitar durante el plazo de la inversión.

«La iliquidez no es un defecto de los activos alternativos: es el precio que se paga por acceder a ellos, y hay que estar seguro de poder pagarlo.»

Cómo los integramos en las carteras

Partimos siempre del patrimonio global y de las necesidades de liquidez de cada cliente. Solo cuando la cartera tradicional está bien construida y el fondo de reserva cubierto tiene sentido plantear una asignación a alternativos, que en la mayoría de los casos representa una fracción moderada del patrimonio financiero.

Preferimos construir esa exposición de forma escalonada, a lo largo de varios años y con distintos gestores, de manera que los compromisos y las devoluciones se distribuyan en el tiempo. Evitamos concentrar la inversión en una única añada o estrategia, y damos especial peso a la calidad del gestor, a su historial y a la alineación de sus intereses con los del inversor.

Los activos alternativos no son para todos los perfiles ni para todos los momentos. Bien utilizados, aportan diversificación y fuentes de rentabilidad complementarias. Mal utilizados, convierten un patrimonio líquido en un compromiso que no se puede deshacer. La diferencia está, como casi siempre, en la planificación previa.

Aviso. Toda inversión conlleva riesgos, incluida la posible pérdida del capital invertido. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. La información de esta página tiene carácter informativo y no constituye una recomendación personalizada.
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