Antes de decidir en qué invertir, hay que decidir cuánto no invertir. Puede parecer una afirmación paradójica, pero la primera decisión de cualquier patrimonio es cuánto dinero debe permanecer disponible para atender los gastos, los imprevistos y los compromisos, y cuánto puede destinarse a inversiones cuyo valor oscilará y cuya disponibilidad, en algunos casos, quedará comprometida durante años.
Esa decisión suele tomarse por intuición, y la intuición se equivoca en las dos direcciones. Hay familias que mantienen en cuenta corriente cantidades muy superiores a las que necesitan, perdiendo poder adquisitivo año tras año. Y hay empresarios que invierten a largo plazo un dinero que su negocio puede reclamar en cualquier momento. Un método sencillo ayuda a evitar ambos errores.
Tres capas de liquidez
Proponemos pensar la tesorería en tres capas, cada una con una función, un tamaño y un tipo de activo distintos.
- Tesorería operativa. El dinero que se utiliza en el día a día: gastos corrientes, recibos, impuestos próximos. Debe estar en cuenta corriente o en instrumentos de disponibilidad inmediata, y su tamaño equivale a los gastos de uno o dos meses.
- Fondo de reserva. Cubre los imprevistos y las situaciones excepcionales: una pérdida de ingresos, una reparación importante, un gasto médico, un apoyo puntual a la empresa o a un familiar. Debe ser accesible en días, no en meses, y estar invertido en activos de muy bajo riesgo.
- Liquidez estratégica. La parte de la cartera que se mantiene en activos líquidos no para cubrir necesidades, sino para aprovechar oportunidades: una corrección de mercado, una inversión empresarial, una compra inmobiliaria. Su tamaño depende de la estrategia y puede variar con el ciclo.
Cómo dimensionar el fondo de reserva
La regla general recomienda cubrir entre varios meses y un año de gastos, pero la cifra correcta depende de cada situación. Los factores que la elevan son la variabilidad de los ingresos, la dependencia de una única fuente de renta, la existencia de personas a cargo y la iliquidez del resto del patrimonio. Los factores que la reducen son los ingresos estables y diversificados, la existencia de seguros adecuados y la posibilidad de acceder a financiación en condiciones razonables.
Para un asalariado con ingresos estables, el fondo puede situarse en la parte baja del rango. Para un profesional con ingresos variables o para un empresario cuyo patrimonio está mayoritariamente en la compañía, conviene situarse en la parte alta e incluso superarla. En estos casos, el fondo de reserva de la familia cumple también la función de no tener que recurrir a la empresa en el peor momento.
El caso del empresario
El empresario afronta una dificultad añadida: la frontera entre su tesorería personal y la de la empresa suele ser difusa, y la tentación de utilizar una para cubrir la otra es constante. Recomendamos dimensionar ambas por separado y con criterios distintos.
- La tesorería de la empresa responde a su ciclo de explotación, a la estacionalidad de las ventas y a las necesidades de inversión, y debe gestionarse con las herramientas de la gestión financiera empresarial.
- La tesorería personal debe permitir a la familia mantener su nivel de vida durante un periodo prolongado sin depender de los dividendos ni de la retribución de la empresa.
- La liquidez estratégica personal puede, en determinadas circunstancias, actuar como respaldo de la empresa, pero esa decisión debe tomarse de forma consciente y no por inercia.
«La liquidez no es el dinero que no hemos sabido invertir: es el que permite que el resto de las inversiones cumplan su plazo.»
Liquidez y horizonte temporal
Una vez dimensionadas las capas de liquidez, el resto del patrimonio puede invertirse con un horizonte temporal definido, y ese horizonte es el que determina el nivel de riesgo admisible. El dinero que se necesitará en dos años no debe estar en activos cuya valoración pueda caer con fuerza en ese plazo; el que no se necesitará en quince puede asumir oscilaciones e incluso iliquidez a cambio de una rentabilidad esperada superior.
Este enfoque tiene una consecuencia práctica: la cartera de una familia no es una única cartera, sino varias, con horizontes y objetivos distintos. Los estudios de los hijos, la jubilación, la sucesión o un proyecto empresarial futuro tienen plazos diferentes y merecen asignaciones diferentes. Ordenar el patrimonio por horizontes es, en nuestra experiencia, la forma más eficaz de mantener la disciplina cuando el mercado se pone difícil.
En Seven Gestión Financiera, el dimensionamiento de la liquidez forma parte del análisis inicial con cada cliente. Es una decisión menos vistosa que la selección de inversiones, pero es la que permite que todas las demás se tomen con serenidad.




